Sábado, que día más hermoso, pese a que ha llovido bastante durante los últimos 5 días, parece que ahora Diosito decidió regalarme un lindo día con sol incluido. Mamá se prepara para ir a la estación de ferrocarriles conmigo a buscar a mi tía Marcela, ella es la hermana menor de mamá, tiene 9 años menos que ella. Ellos viven en el poblado próximo, Miraflores, vienen casi todos los fines de semanas a vernos porque mi papá y mi tío (el esposo de mi tía) tienen una distribuidora de verduras y legumbres en el centro de la ciudad en que vivo, Mastrana, trabajan toda la mañana del Sábado, y en la tarde llegan a la casa a descansar y divertirse con nosotros.
Yo y mis primos tenemos casi la misma edad 10 años, mi mamá cuenta que cuando la tía Marcela iba a dar a luz a los gemelos (un día Viernes 13 de Junio), mi mamá se enteró que estaba embarazada de 3 meses, así es que yo soy menor en 7 meses que mis primos porque naci prematuro. Desde que tengo uso de razón que me recuerdo a mis primos: Daniel es el más serio, su contextura es delgada y siempre está diciendo que se pegó en alguna parte de su cuerpo. Valentín es simpático, divertido y siempre anda inventando juegos “peligrosos” como los llama mi mamá, el es más gordito. En la cara son los dos idénticos, la tía Marcela dice que si no fuera porque Daniel se anda quejando siempre no los podría distinguir ni ella. Yo si los distingo porque el Valentin simpre me hace zancadillas y el Daniel no porque es asustadizo y cree que se puede quebrar una pierna.
Como sea, mis primos son como mis hermanos, ya quisiera que vivieramos todos juntos en la misma casa.
Las 10:00, ya está a punto de llegar el tren: Aquí¡ gritó enérgicamente, aquí¡, haciendo señas con un banderin de bienvenida que mi madre me bordo para recibir a mis primos siempre. Ella dice que la amabilidad con que uno trata a las personas es como cuando uno ahorra dinero, siempre después ganas, pero no plata, si no cariño de los demás.
Ahora sí, chiquichiquichiqui chiqui ta lan taln, ahí se acerca y para el tren, en el segundo carro vienen mis primos, la tía Marcela baja y corre donde mi mamá se dan un abrazo tan grande como el que le doy a los geme.
De ahí a la casa. A las 12:30 mamá y tía marcela hacen un alto en sus largas conversaciones y ponen la mesa para darnos almuerzo. Que bueno dice Valentin, el más goloso porque mis tripas estaban estornudando de hambre. Tengo una idea para la tarde vamos a inventar algo entretenido.
Riico almuerzo: mi plato favorito, pastel de papas, ya satisfechos y con el consentimiento de nuestras madres nos retiramos del comedor, aprontándonos para ir al patio. Dino cuál monstruo baboso corre hasta nosotros, anticipando que la pasaremos muy bien.
Casi por inercia seguimos al malilla de Valentin adivinándole su próximo juego, pero una terrible idea se le ocurre.
Yo y mis primos tenemos casi la misma edad 10 años, mi mamá cuenta que cuando la tía Marcela iba a dar a luz a los gemelos (un día Viernes 13 de Junio), mi mamá se enteró que estaba embarazada de 3 meses, así es que yo soy menor en 7 meses que mis primos porque naci prematuro. Desde que tengo uso de razón que me recuerdo a mis primos: Daniel es el más serio, su contextura es delgada y siempre está diciendo que se pegó en alguna parte de su cuerpo. Valentín es simpático, divertido y siempre anda inventando juegos “peligrosos” como los llama mi mamá, el es más gordito. En la cara son los dos idénticos, la tía Marcela dice que si no fuera porque Daniel se anda quejando siempre no los podría distinguir ni ella. Yo si los distingo porque el Valentin simpre me hace zancadillas y el Daniel no porque es asustadizo y cree que se puede quebrar una pierna.
Como sea, mis primos son como mis hermanos, ya quisiera que vivieramos todos juntos en la misma casa.
Las 10:00, ya está a punto de llegar el tren: Aquí¡ gritó enérgicamente, aquí¡, haciendo señas con un banderin de bienvenida que mi madre me bordo para recibir a mis primos siempre. Ella dice que la amabilidad con que uno trata a las personas es como cuando uno ahorra dinero, siempre después ganas, pero no plata, si no cariño de los demás.
Ahora sí, chiquichiquichiqui chiqui ta lan taln, ahí se acerca y para el tren, en el segundo carro vienen mis primos, la tía Marcela baja y corre donde mi mamá se dan un abrazo tan grande como el que le doy a los geme.
De ahí a la casa. A las 12:30 mamá y tía marcela hacen un alto en sus largas conversaciones y ponen la mesa para darnos almuerzo. Que bueno dice Valentin, el más goloso porque mis tripas estaban estornudando de hambre. Tengo una idea para la tarde vamos a inventar algo entretenido.
Riico almuerzo: mi plato favorito, pastel de papas, ya satisfechos y con el consentimiento de nuestras madres nos retiramos del comedor, aprontándonos para ir al patio. Dino cuál monstruo baboso corre hasta nosotros, anticipando que la pasaremos muy bien.
Casi por inercia seguimos al malilla de Valentin adivinándole su próximo juego, pero una terrible idea se le ocurre.
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