lunes, 27 de agosto de 2007

Capítulo 4: Semilla mal plantada o suplantada?


Más tarde lo haré¡¡ grité y repentinamente me encontré frente a frente a papá, más bien frente a la rodilla de papá. Mi padre es muy alto mide como 2 metros, su nombre es Esteban y su voz en muy ronca, cuando el me da una orden corro, porque me inspira mucho respeto. Eso que da cuando uno no quiere hacer algo, pero el acordarse de la cara de esa persona ordenándolo nos impulsa a hacerlo por sobre esa desobediencia instantánea. Mi mamá tiene una voz demasiado suave, sus ordenes son muy pacíficas, casi como que me está pidiendo por favor las cosas. Bueno esto era hasta que ocurrió lo siguiente.
Max es mi vecino, el tiene 2 feroces perros que para mi son rogweitler pero para el son quiltros. Uno que me llega a la cintura es de color negro y manchas blancas pequeñas, ese es más amistoso, su nombre es “Aguatero”, porque cada vez que va a llover sale al patio de Max, y comienza a perseguirse la cola como dar saltos por unos minutos. Es nuestro informe del tiempo en versión perruna.
El otro se llama “Ovejandro”, que según Max es una mezcla de Oveja con Alejandro, ya que ese es el segundo nombre de mi vecino. Max tiene un solo gran problema, es un niño muy mentiroso, suele inventar unas historias muy categóricas, digo esto porque realmente es una categoría difícil de clasificar. Generalmente los días de semana juego mucho con Max, el es mi vecino y mejor amigo. Vamos al colegio juntos, y nos sentamos en el tercer puesto del lado derecho. Cuando hay tareas difíciles de hacer, su madre lo manda a mi casa, porque mis padres saben más que ellos. Su padre, don Ramón, trabaja en el campo de atrás de mi casa, y la casa en donde viven se las pasa el patrón del fundo, don Estanislao.
Cuando mi papá cosecha las legumbres, y las hortalizas, deja 2 sacos para ellos, y como muestra de afecto la Sra. Teresa (mamá de Max), nos hace una papa fritada gigante, que quedamos tiesos tanto comer.
El invierno pasado, mientras disfrutábamos de esta celebración, comenzó a llover como pocas veces, con un viento que azotaba la cara y manos, como una gran cantidad de pequeñas agujitas que se metían por la piel. La Srta. Angélica nuestra profesora, nos había dado de tarea un trabajo de investigación, el cual debíamos presentar al día siguiente. Maxi se había comprometido a realizar la actividad, y a ir anotando día a día por 15 días la evolución. Se trataba de plantar unas semillas de oréganos y cilantros. Sin embargo, como Maxi era mentiroso, me había dicho que el lo había hecho, pero pese a que mamá me advirtió, yo tampoco le obedecí a ella, por tanto estabamos sin semillas, sin plantas y sin nada, faltando solo 12 horas para la clase de mañana.
¿Qué haremos?- dice Maxi, NO SE, dije imitando la voz de mi padre, para inspirarle respeto (no se que sacaba a estas alturas).
Espera, y como Maxi era el rey de la mentira, me dijo vamos al huerto techado que tiene mi madre, sacamos unas cuantas plantitas de esas y las enterramos en el macetero antes de irnos. La tía Angélica ni cuenta se dará. La idea aunque descabellada me pareció demasiado buena, y para evitarme el reto de mi papá- que era seguro- le dije bueno.
Al otro día, puntualmente Maxi y yo tomabamos el bus que nos llevaba a nuestro colegio. Maxi con cara de mucho sueño, por lo visto le tomó bastante tiempo preparar las plantas, me saludo con una sonrisa de oreja a oreja, subamos¡ está todo bajo control¡, tan contentos ibamos a nuestra clase, y yo repasando con el los datos inventados que le diríamos a la profesora.
Sin embargo, con tanto entusiasmo no miramos nuestra hermosa planta. Cuando llegamos al colegio, pasamos raudamente por el pasillo, ya que la hora en que nos tocaba era la primera. Ahí estaba la tía Angélica, dignamente parada adelante, observando como llegabamos con nuestras plantitas.
Sonó la campana, y en un dos por tres, comenzó la revisión. Demorosa por lo demás. Por nuestra ubicación en la lista maxi y yo fuimos casi los últimos en ser revisados. No nos percatamos que nuestra “planta” que antes era hermosa, ahora con el sol que entraba por la ventana estaba marchita y caída, tanto que ya no parecía planta, parecía maleza.
Cuando la tía llegó a nuestro puesto, nos dijo solamente, quedense para el final ahí hablaremos. Yo y maxi tragamos saliba como si nos fueran a quedar pocos minutos de vida…
En fin, sucedìó lo que tenía que suceder, ambos fuimos llevados a inspectoría, puesto que la experiencia de la profesora confirmaba que nuestra planta era suplantada, o mas bien no plantada. Comunicación a nuestros padres y suspensión por 1 día.
¿Vez? hijo que todo lo que te digo es cierto, si me hubieras obedecido, tú habrías hecho el trabajo y no te hubieses sacado esa mala nota, y la verguenza.
Aprendí, si aprendí, tanto que la mentira es mala, como que ser desobediente es peor. ¡Y todo por una semilla¡

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